Tengo opiniones encontradas con este fenómeno de enterpeneur starsystem que vivimos últimamente, que parece haber puesto de moda "el emprendimiento". Por un lado, me sobra bastante ego en muchos individuos que teorizan sobre la clave del éxito sin haber montado nada que funcione todavía. Pero por otro, tal como está el patio en España cualquier movimiento que estimule la creación de empresas, y el uso de nuestra materia gris en buscar nuevos modelos de negocio debe ser bienvenido. No serán los políticos los que nos saquen de ésta.
En cualquier caso, lo bueno es que últimamente muchos emprendedores que conozco y respeto se han lanzado a escribir blogs, a dar charlas, escribir libros, etc. Y una cosa que me llama la atención es la relación (que creo yo) que existe entre el emprendimiento y el deporte. Emprender es como tomarse la pastilla roja: dejas de vivir la mentira del empleo estable por cuenta ajena para adentrarte en la realidad de un mundo en que tienes que esforzarte por ofrecer al público algo que necesiten o quieran.
Ese cambio de ficción a realidad necesita de una cualidad insustituible: fortaleza de carácter, y aquí es donde entra el deporte. Tomemos por ejemplo el hábito de salir a correr. Cuando no has corrido nunca, necesitas un plan a largo plazo en el que vayas progresivamente aumentando el tiempo de entrenamiento hasta que consigas hacer carreras más largas, de manera que tendrás que aceptar la idea de que el beneficio de tu esfuerzo no llegará instantáneamente, sino quizá meses después. Tendrás que hacer un esfuerzo físico para correr cada vez más minutos, pero sobre todo mental, para no abandonar antes de tiempo ni perder de vista cual es el objetivo. En mi opinión, cuando hacemos deporte entrenamos nuestro cuerpo, aunque eso es anecdótico. Lo que realmente entrenamos es nuestra mente, nuestro carácter.
Cuando alguien me pregunta por una idea de negocio, o me cuenta que ha tenido una gran idea, intento hacerle ver que en realidad la idea no vale nada. Todos podemos tener una gran idea de negocio en algún momento. Lo que marca la diferencia es tener la fortaleza de carácter para creer en la idea y hacer lo que sea necesario durante unos años para que se convierta en un negocio rentable.
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